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El agua de la fuente.

En este blog de espiritualidad cristiana queremos ofrecerte:

Agua fresca y limpia.

Agua que mana del costado de Cristo.

Agua para no volver a tener nunca más sed.

Agua para limpiarte.

Agua que corre y que reconforta tus oídos.

Agua que se escucha, que limpia y que calma la sed.

 

Escuchar a Cristo, hacer silencio en el corazón, abrir el alma a la vida a a los hombres…

es lo que nos hace encontrarnos con nosotros mismos, con el sentido de una vida que no hemos elegido y que recorremos. Aunque es de noche.

 

Palabras que ayudan

La procesión hoy va por dentro, amigo cofrade.

 

 

Viernes de Dolores. Preludio de Semana Santa.

Ni hoy, ni en siete días tomarás parte de las calles de tu ciudad. Vivirás en tu casa, con los tuyos, pensando en la Pasión y meditando cada paso que das.

No habrá capuchones, ni tambores, ni pasos aguerridos de penitentes anónimos. No lucirán las saetas ni las flores consagradas su vía dolorosa.

No habrá velas desfilando anunciando que Cristo ha muerto y que ha sufrido por tus pecados y los míos. No alumbrará la procesión de madrugada, ni cantará el gallo cuando Pedro niegue tres veces.

Esta Semana Santa habrá silencio en las calles y en las plazas.

Un silencio de oración como no lo ha habido en mucho tiempo.

Un silencio que redime y salva.

Un silencio que procesiona por el interior de tu alma, y que debes escuchar.

Este año la penitencia se escribirá en el alma de los que sufren de verdad. Nadie verá al varón de dolores por las calles, pero ahí seguirá. A tu lado. Caminará contigo y lo reconocerás  en el anciano que muere solo, en el sanitario que está muerto de miedo, en el político desbordado por la realidad o en el vecino que te mira en la distancia.

Cristo se hace camino solitario, más solitario que nunca. Y te invita a procesionar con Él.

A procesionar por dentro.

¡Señor, ten piedad de nosotros, que somos pecadores!

¡Y ten piedad del mundo!

 

Reflexión teológica

Desde el misterio de la Encarnación. Dios vive en ti.

El arcángel Gabriel se dirigió a María.

Dios toma la iniciativa, se dirige a nosotros. Nos llama por nuestro nombre. Por tu nombre.

Alégrate favorecida, el Señor está contigo.

Dios está de fiesta, se ha puesto sus mejores galas para buscarnos como amigos, quiere estar con nosotros. Quiere habitar en nuestro interior. Quiere que le hagamos un sitio en nuestra mesa. Viene a quedarse.

Ella se turbó.

Nuestra respuesta es la duda. ¿Quién eres tú y qué saludo es ese? Pero la duda no es obstáculo para el Señor.

Tranquilízate María, que Dios te ha concedido su favor, pues mira, vas a concebir, darás a luz un hijo y le pondrás de nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David.

En María nace el Señor. Por eso es Theotokos, Madre de Dios. Ella abre un horizonte único en la historia de salvación.

El sí de María nos permite que Jesús se haga presente en el mundo y en nosotros. María nos muestra que Dios puede vivir en nuestro interior. Que vive realmente en nuestro interior.

Es la inhabitación trinitaria. Dios vive en nosotros: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Jesús se hace presente en el seno de María. El Espíritu Santo vive en nuestro interior, nos recuerda San Pablo. Somos Templos de Dios. Piedras vivas de su presencia.

Por eso, cualquier cosa que hágamos a nuestro prójimo, a Él se lo hacemos.

¿Cómo sucederá si no conozco varón?

Buscamos respuestas, pero la única respuesta que nos da Dios es la de su Misterio inefable. No decidimos con Él, pues no sabemos lo que nos conviene. Nuestra obligación es contemplar y asimilar su Verdad y su Misterio.

El Espíritu Santo bajará sobre tí y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso al que va a nacer lo llamarán “consagrado”, Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel: a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y la que decían que era estéril está ya de seis meses. Porque para Dios nada hay imposible.

Dios es Dios con nosotros. Su fuerza y aliento nos protege. Para Dios no hay nada imposible. Por eso podemos decir que su fuerza se realiza en nuestra debilidad. Somos pequeños, pero lo más grande del universo vive en nuestras almas.

Eso nos hace ser Hijos de Dios por el bautismo, hermanos de Cristo. Hijos adoptivos e hijos amados de Dios.

He aquí la esclava del Señor.

La respuesta al regalo de Dios no es la soberbia, no debemos creernos dioses. Aceptar su voluntad es la actitud de María, la actitud que debemos hacer nuestra. No somos mejores que los demás, simplemente sabemos y conocemos lo que hemos visto y oído.

Aquí estamos Señor. Somos siervos tuyos. Esclavos a tu servicio.

 

 

Ayer, 25 de marzo 2020, en medio de una pandemia, renovó la iglesia española y portuguesa su consagración al Sagrado Corazón de Jesús y al Corazón Inmaculado de María. Renovamos nosotros nuestro corazón, para que sea semejante al Sagrado Corazón de su Hijo, y al Corazón Inmaculado de su Madre, María. Nuestra madre.